Restaurante Los Manantiales, México DF. Félix Candela
En Xochimilco, al sur de Ciudad de México, una gran cubierta de hormigón se abre sobre el paisaje como una flor de ocho pétalos. Es el Restaurante Los Manantiales, construido en 1958 y convertido en una de las obras más reconocibles de la arquitectura estructural de Félix Candela.
El proyecto surgió tras el incendio que destruyó el antiguo restaurante de madera existente junto a los canales. La reconstrucción fue encargada al arquitecto Joaquín Álvarez Ordóñez, que contó con Félix Candela y su empresa Cubiertas Ala para desarrollar la estructura laminar que acabaría definiendo por completo el edificio.
Cuatro paraboloides, ocho pétalos
La cubierta está formada por la intersección de cuatro paraboloides hiperbólicos iguales que generan una bóveda de arista con ocho gajos y ocho puntos de apoyo.
La planta alcanza casi 42 metros de diámetro y el cascarón cubre aproximadamente 900 m². Lo extraordinario aparece al observar el espesor de la estructura: la lámina de hormigón tiene apenas 4 centímetros en buena parte de su superficie.
No es la cantidad de material la que permite cubrir semejante espacio, sino la geometría.
En Los Manantiales, forma arquitectónica y estructura son prácticamente la misma cosa.
Uno de los avances más interesantes aparece en sus bordes libres. Los extremos curvos del cascarón prescinden de las grandes vigas de rigidización que cabría esperar en una cubierta de estas dimensiones. La geometría permite conducir los esfuerzos hacia las aristas y los apoyos y, al mismo tiempo, hacer visible la extrema delgadez de la lámina.
Una geometría compleja construida con líneas rectas
El paraboloide hiperbólico tiene una característica fundamental para entender el trabajo de Candela: aunque visualmente es una superficie curva de doble curvatura, puede generarse mediante familias de líneas rectas.
Esto hacía posible construir encofrados aparentemente muy complejos utilizando tablas rectas de madera. Una geometría sofisticada podía ejecutarse así con procedimientos relativamente sencillos y empleando una cantidad muy reducida de hormigón.
La economía de estas estructuras dependía por tanto de dos factores: muy poco material y una construcción intensiva en mano de obra. En el México de mediados del siglo XX esa combinación permitió a Candela desarrollar y perfeccionar una extraordinaria familia de cascarones de hormigón.
Una flor sobre los canales de Xochimilco
La fuerza de Los Manantiales no procede únicamente de su solución estructural. El edificio establece también una relación especialmente intensa con el paisaje de Xochimilco.
Los ocho lóbulos se abren hacia el exterior y liberan una gran sala prácticamente diáfana. Entre ellos, los cerramientos de vidrio permiten mantener la continuidad visual entre el interior del restaurante, los jardines y los canales.
La cubierta asciende y desciende siguiendo una línea continua. Alcanza aproximadamente 8,25 metros en los puntos exteriores más altos y unos 5,90 metros en la zona interior, generando un espacio dinámico bajo una estructura que parece apoyarse con enorme ligereza sobre el terreno.
Su aspecto recuerda inevitablemente a una gran flor flotando junto al agua. Pero esa imagen no es una forma decorativa superpuesta después sobre el edificio: la flor que vemos es la propia estructura trabajando.
La estructura como arquitectura
Los Manantiales resume especialmente bien la manera de trabajar de Candela. No existe primero una forma escultórica que después haya que conseguir sostener. La propia solución resistente genera el espacio, la sección y la imagen del edificio.
La sala queda cubierta por una estructura continua y extremadamente delgada, sin una sucesión convencional de pilares, vigas y cubierta. El cascarón es simultáneamente estructura, techo, forma y expresión arquitectónica.
Por eso esta obra ocupa un lugar central dentro de la investigación de Candela sobre los paraboloides hiperbólicos y los cascarones de hormigón armado.
De Los Manantiales al Oceanogràfic
La importancia de esta geometría dentro de la trayectoria de Candela se comprende todavía mejor al observar una de sus últimas obras.
Casi cuatro décadas después, Candela retomó esta geometría en la propuesta para el restaurante de L'Oceanogràfic de Valencia, nuevamente con una cubierta de ocho lóbulos basada en la intersección de paraboloides hiperbólicos. La solución no es una simple copia de Los Manantiales, sino una reinterpretación a otra escala y con nuevas condiciones técnicas.
Entre Xochimilco y Valencia transcurre buena parte de su carrera, pero permanece una misma idea: utilizar la geometría para conseguir estructuras de enorme ligereza y convertir su funcionamiento resistente en arquitectura.
Para conocer mejor el conjunto de su trayectoria puede consultarse nuestro artículo Félix Candela. La conquista de la esbeltez, donde recorremos sus cascarones de hormigón, el Pabellón de Rayos Cósmicos, la planta Bacardí y sus últimas obras en Valencia.
Los Manantiales sigue siendo, en cualquier caso, una de las demostraciones más claras de una idea esencial en la arquitectura de Candela: conseguir el máximo resultado estructural y espacial utilizando la mínima cantidad de material posible.
Celia Méndez para Bfresh
Fotografías: Frank Scherschel.