Félix Candela (Madrid, 1910–Durham, 1997) fue una de las figuras fundamentales de la arquitectura y la ingeniería estructural del siglo XX. Su nombre está unido a los cascarones de hormigón armado: cubiertas extremadamente delgadas en las que geometría, estructura y construcción forman parte de una misma idea.
Su aportación no consistió en inventar el paraboloide hiperbólico, sino en comprender sus posibilidades y llevarlas a la práctica con una precisión extraordinaria. Candela convirtió esta geometría en una herramienta capaz de producir edificios ligeros, resistentes y económicos y, al mismo tiempo, espacios de una enorme expresividad arquitectónica.
En la obra de Candela, forma, estructura y construcción son prácticamente una misma decisión.
Las estructuras laminares trabajan gracias a su forma. En lugar de resolver grandes luces aumentando la cantidad de material, Candela buscaba que la geometría condujera los esfuerzos de manera eficiente a través de superficies muy delgadas.
El paraboloide hiperbólico resultaba especialmente apropiado. Aunque visualmente es una superficie curva de doble curvatura, puede generarse mediante familias de líneas rectas. Esto permitía construir encofrados de formas complejas utilizando tablas rectas de madera, simplificando la ejecución y reduciendo costes.
La sofisticación formal de sus edificios escondía, por tanto, una lógica constructiva sorprendentemente sencilla. Esa combinación entre economía de medios, conocimiento estructural y capacidad espacial explica buena parte de la vigencia de su obra.
Candela se tituló como arquitecto en Madrid en 1935. Había conseguido una beca para ampliar en Alemania sus conocimientos sobre estructuras laminares, pero el estallido de la Guerra Civil española frustró aquellos planes. Tras la guerra se exilió en México en 1939, país en el que desarrollaría la etapa fundamental de su carrera.
En 1950 fundó Cubiertas Ala junto a sus hermanos Antonio y Julia y los arquitectos mexicanos Fernando y Raúl Fernández Rangel. La empresa reunió proyecto, cálculo y construcción y se convirtió en el laboratorio desde el que Candela pudo experimentar directamente con los cascarones de hormigón armado.
A lo largo de las décadas siguientes desarrolló cientos de estructuras laminares y alcanzó reconocimiento internacional. La economía no era una cuestión secundaria en su arquitectura: la búsqueda de formas resistentes permitía cubrir grandes espacios reduciendo extraordinariamente la cantidad de material.
Uno de los primeros hitos de esta investigación fue el Pabellón de Rayos Cósmicos de la UNAM, proyectado junto al arquitecto Jorge González Reyna y construido entre 1951 y 1952 en Ciudad Universitaria.
El edificio tenía una exigencia extraordinaria: la cubierta situada sobre los instrumentos científicos debía tener un espesor de apenas 15 milímetros para permitir las mediciones de radiación cósmica.
Una bóveda convencional no permitía alcanzar semejante delgadez. La utilización de una superficie de doble curvatura proporcionaba la rigidez necesaria con un espesor mínimo y llevó a Candela a recurrir al paraboloide hiperbólico.
Aquella exigencia científica terminó convirtiéndose en uno de sus primeros grandes experimentos estructurales y en una obra decisiva para su posterior reconocimiento internacional.
Pabellón de Rayos Cósmicos · Ciudad Universitaria, UNAM · Félix Candela y Jorge González Reyna · fotografía: Mario Yaír TS.
El pequeño pabellón es conocido popularmente como «La Muela». Su escala puede parecer modesta frente a las grandes obras posteriores de Candela, pero en él aparecen ya varias de las ideas que marcarían toda su trayectoria: mínimo espesor, continuidad estructural y utilización de la geometría no como decoración, sino como instrumento resistente.
Durante los años cincuenta y sesenta, Candela llevó estos principios a iglesias, fábricas, mercados, pabellones y restaurantes. Cada proyecto le permitía explorar una variación diferente de las posibilidades del hormigón armado y de las superficies de doble curvatura.
Entre sus obras más significativas se encuentran:
Dentro de esa trayectoria, el Restaurante Los Manantiales ocupa un lugar excepcional. Su cubierta de ocho lóbulos lleva la lógica resistente del paraboloide hiperbólico hasta convertir la propia estructura en arquitectura.
La planta embotelladora de Bacardí, en el Estado de México, llevó la investigación todavía más lejos. Sus grandes bóvedas de arista cubren módulos de 30 × 30 metros mediante cascarones de hormigón de apenas 4 centímetros de espesor.
La comparación entre esas dimensiones resume bien el trabajo de Candela: una gran nave industrial cubierta con una cantidad sorprendentemente pequeña de material. Los bordes libres de las bóvedas acentúan visualmente la delgadez del hormigón y permiten entender desde el exterior cómo trabaja la estructura.
Planta embotelladora Bacardí · Félix Candela · fotografía: HAKEBRY1.
Décadas después, aquella investigación estructural reaparecería en España. En la última etapa de su carrera, Félix Candela participó en el proyecto de L'Oceanogràfic de Valencia, dentro de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
L'Oceanogràfic de Valencia · fotografía: Felipe Gabaldón.
Las espectaculares cubiertas del edificio de acceso y del restaurante fueron diseñadas por Candela. En el restaurante reaparece de forma especialmente clara la estructura de ocho lóbulos que remite a Los Manantiales, reinterpretada décadas después con nuevas dimensiones y condiciones constructivas.
Candela murió en 1997 y no llegó a ver terminado el Oceanogràfic, que abrió al público en 2002. La recuperación de aquella geometría casi cuatro décadas después cierra de una manera especialmente significativa su trayectoria.
La espectacularidad de las formas de Candela no nacía de la voluntad de producir objetos extravagantes. Era consecuencia de buscar soluciones estructuralmente eficientes, construibles y económicas.
Por eso su obra resulta especialmente contemporánea. Muchas de las cuestiones que investigó siguen formando parte del debate arquitectónico actual: hacer más con menos material, reducir el peso de las estructuras, racionalizar la construcción y entender la forma como consecuencia de cómo trabaja el edificio y no únicamente como una decisión estética.
Su arquitectura demuestra además que la ligereza no depende necesariamente de utilizar materiales ligeros. Incluso el hormigón puede adquirir una extraordinaria esbeltez cuando geometría y estructura trabajan conjuntamente.
En 2010, coincidiendo con el centenario de su nacimiento, el Centro Cultural Conde Duque dedicó a Félix Candela la exposición La conquista de la esbeltez. La muestra recorría su obra a través de edificios, planos y modelos, pero también permitía acercarse a una forma de pensar situada entre la arquitectura, la ingeniería y la construcción.
Más de medio siglo después de sus principales obras, esa búsqueda de la máxima eficiencia con los mínimos medios sigue siendo probablemente una de las mejores formas de entender su legado.
Celia Méndez para Bfresh