Refugio para artistas Squish Studio
Nadie llega a Fogo por casualidad. Un lugar perdido en medio del océano. En medio de la nada.
El Squish Studio forma parte de una serie de seis refugios diseñados por Todd Saunders para Fogo Island Arts y Shorefast, dentro de un ambicioso proyecto de regeneración económica y cultural impulsado por la empresaria y filántropa Zita Cobb, natural de la isla.
Cobb, convencida del potencial, la cultura y los valores de su tierra natal, decidió invertir tiempo y recursos en buscar nuevas oportunidades para una comunidad que durante generaciones había dependido casi por completo de la pesca.
Una isla obligada a reinventarse
La economía de Fogo, basada históricamente en la pesca, llevaba décadas atravesando dificultades y sufrió un golpe decisivo con el colapso de las poblaciones de bacalao y la moratoria pesquera de 1992.
El mundo en el que había crecido Cobb se estaba desmoronando, pero ella se propuso contribuir a construir uno nuevo sin borrar aquello que hacía diferente a la isla.
Una de las condiciones fundamentales de los proyectos de Saunders era que su construcción implicara a los habitantes de Fogo, recurriendo siempre que fuese posible a materiales, artesanos, conocimientos y técnicas locales que de otro modo corrían el riesgo de desaparecer.
La caridad no es sostenible. Para mí, lo más importante es optimizar la comunidad.
Un refugio en el borde del océano
El refugio, formalmente rígido y atrevido, contrasta con la arquitectura vernácula tradicional de Fogo Island.
Se sitúa literalmente en el borde del océano, sobre un terreno especialmente rocoso y expuesto en el que, sobre todo durante una tormenta, puede experimentarse directamente la fuerza del Atlántico Norte.
Su forma, alta en uno de sus extremos y comprimida en el otro, ayuda además a proteger el pequeño estudio de los fuertes vientos.
Se trata de un pequeño refugio en un recóndito paraíso natural. Buena parte de los materiales proceden de la isla y el interior mantiene esa misma voluntad de sencillez: madera pintada de blanco, una pequeña cocina, estufa de leña y sistemas autónomos de energía.
El mobiliario y buena parte de los elementos asociados al programa de Fogo Island se desarrollaron también con la participación de artesanos locales.
La artista londinense Silke Otto-Knapp fue la primera ocupante del Squish Studio. Trabajar allí significaba hacerlo prácticamente sola frente al océano, viendo cambiar el paisaje y el tiempo desde el interior del refugio.
Del refugio de artistas al hotel de lujo
Además de los refugios concebidos para ser ocupados por artistas de distintas partes del mundo, el proyecto de regeneración de la isla incorpora otra pieza mucho más ambiciosa: el Fogo Island Inn, también proyectado por Todd Saunders.
Un hotel de lujo, completamente fuera del rango de precios de un viajero convencional, que propone además una experiencia difícil de encontrar en otro lugar: icebergs, ballenas, tormentas, paisaje y aislamiento.
Algo que, desde luego, no está pensado para mochileros.
El hotel cumple un objetivo evidente: atraer turismo y generar riqueza. Pero funciona también como escaparate de la cultura de Fogo Island y del trabajo de artistas, diseñadores y artesanos vinculados al proyecto.
La arquitectura contemporánea convive así con mobiliario, textiles, técnicas de carpintería y objetos producidos mediante conocimientos locales.
Creo firmemente en el poder del arte para promover todo tipo de impacto social.
Arte, lujo y economía sostenible
Lo más interesante quizá no sea ninguno de los edificios por separado, sino el modelo que hay detrás de todos ellos.
El objetivo es construir una economía capaz de convivir con el entorno y de generar oportunidades en un territorio del que, durante décadas, muchos habitantes tuvieron que marcharse para encontrarlas.
Una economía sostenible no solo desde el punto de vista ambiental, sino también por su capacidad para mantener empleo, conocimientos, cultura y comunidad.
El resultado es una economía en armonía con el entorno. Una economía capaz de contribuir a paliar el abandono de las zonas rurales en busca de oportunidades que, demasiadas veces, parecen encontrarse únicamente en una gran ciudad.
Un progreso económico conseguido, paradójicamente, a través del arte y del lujo.
Celia Méndez para Bfresh
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